26 ago 2010

Gabriel Fuster



ARMANDO VEINTICUATROS CUADROS POR SEGUNDO

Existen tres tipos de cinéfilos: los villamelones de la copia pirata, el público inteligente, para quienes los festivales son un lujo secundario y la gente con aires de gran conocedor y enorme boca que miró una película diferente a la que viste tú. Por ejemplo, la premiere de “Shanghai Express”, a la que el ciudadano Armando Mejía Lavalle atiende en torno al olvidado mecanismo de la reventa.
Este cuento va dedicado al último grupo tan difícil de complacer y cuya lengua inunda la noche a clavijas de alfombra roja, en pasarela de sibilas y profetas guardando un Dios en el templo de la imagen del zoetrope, que los bendice y los multiplica. Aquellos carteles artísticos se han hecho casi transparentes que los leemos por el lado que se los ilumine, pero los retardados mentales tratando de parecer críticos asoman su cara en un santiamén y se les encuentra en la fila de taquilla inmediatamente detrás de ti y/o a una butaca de distancia, al momento que se apagan las luces y la película va a comenzar. No obstante el cine mudo necesita ser mudo para fracasar, por una condición cine qua non, los presumidos comienzan la oratoria de los labios moviéndose bajo los efectos de una cinta mal doblada y en sus comentarios es apreciable que confunden el uso de la palabra “complicado” por “complejo”, la palabra “ambiguo” por “multiplanos”, la palabra “pretencioso” por “provocador”, la palabra “vago” por “abierto a la interpretación” y, principalmente, la palabra “experimental” por “independiente”. Socavamos la misma cinta en el vaso de palomitas, pero tu censura tan grande como un lente tapada con la mano, evita que articulen su mejor actuación en perfecta cinergia con el objetivo de un efecto superior que los haga ser conocidos y conocedores, así que han inventado una respuesta que cabe entera en el acercamiento, para hacerte sentir subtitulado con una notable reducción del texto de partida: “Silencio en el Set. Hipnotismo colectivo. Toma uno: ¡Acción!”.
Una enorme bala rodeada de ventanales es dirigida hacia la cara bonita de la luna, dañándole el ojo derecho. Una abandonada carreola baja ilesa por la escalinata de la plaza, mientras los rifles cosacos suprimen el desorden civil en contundente genocidio. Un simio gigante, hallado y capturado en una isla perdida, es atacado por aviones que logran hacerle caer del edificio más grande del mundo. Una niña huérfana se hace amiga de un espantapájaros que habla, un hombre de hojalata sin corazón y un león cobarde en su persecución del misterioso Mago que gobierna la Ciudad Esmeralda, al final de la calzada de baldosas amarillas. Un hombre recibe un beso de despedida de la persona importante y lleva a cabo una rutina de baile con su paraguas, cantando bajo la lluvia.
Aún quedan algunas maravillas por destacar en este mundo y todos podemos tener un pedazo de ellas por el precio de un boleto de admisión, pero Armando Mejía se llevará los puños a los costados, considerando que su parte ya no es costeable. Toc-toc ¿estoy aquí?
Parece que fue ayer cuando el boleto de cine costaba cuatro pesos, los menores son atraídos gratis hasta los ocho años. Los niños espectadores pecan de escandalosos, quieren ir al baño cada diez minutos. Dan pataditas a los espectadores en el asiento de adelante. Algunos corren por los pasillos e intentan subir al escenario, a la vista del público en general que tapona la cueva de los viejos tiempos en la doble función y la permanencia voluntaria. Cedemos los pocos pesos que cargan los bolsillos y entramos a la atmósfera de Matinée, empujando las batientes de la puerta con los aires de un gambusino dispuesto a separar el oro de la arena. El fantasmal acomodador te alumbra la cara con su linterna de mano y te aplica el cuestionario: ¿Quién fue el primer ganador que declinó recibir la estatuilla Oscar, a modo de boicot? ¿Cuál filme obtuvo el premio a mejor película, sin contar con otra nominación en la competencia? ¿Cuales filmes acapararon el mayor número de nominaciones y no obtuvieron un solo premio? ¿Qué escritor fue incluido en una irregular condición celebratoria del premio al mejor libreto adaptado de otra fuente, mientras los verdaderos ganadores estaban vetados por considerarse simpatizantes comunistas y grandes bastardos? ¿Qué actor fue distinguido dos veces por la Academia de manera póstuma, en 1955 y 1956?
El gran negocio de la fábrica de los sueños es colocar nombres inolvidables en las marquesinas. En el ocaso de tanto brillo, la constelación de estrellas arroja los fragmentos obscuros de una de las más vivas, y populares, metáforas sobre la culpa, titilando en la larga noche del Nembutal, ocurrida en Agosto de 1962, cuando Marilyn Monroe es hallada muerta por sobredosis en su casa. El imperio declina, luego de tiranizar el mercado de la fascinación durante décadas. Para compensar el sobreuso de galardones, las nuevas generaciones de realizadores proceden a definir un nuevo reparto de los territorios del culto. Oigan, sobra un Oscar, ¿Me lo puedo quedar?
La cola avanza lentamente, no obstante el precio se ha elevado al doble, al triple. No, en una conceptiva geométrica. El hecho que puedes pagar 85 pesos no te autoriza a ver la película de estreno en actitud de espera. Antes, necesitas pagar el estacionamiento, que son 15 pesos extras. Corríjanme si me equivoco, pero uno asiste al cine acompañado. Lo que significa el doble de entrada y el doble de combos con hot-dogs y refrescos, con un costo individual de 40 pesos, lo cual arroja un saldo de 265 pesos, simplemente para ver el remake de My Fair Lady, al lado de tu novia. Ahora, si se trata de una postetuta, es decir, aquella acompañante que se consigue recargada en un poste, debes incluir su tarifa que son 900 pesos, si la quieres sin enfermedades venéreas ni identidad sexual en conflicto, más cincuenta pesos por un paquete de condones y 350 pesos de una visita al Motel Marbella, lo cual infla tu presupuesto original al cuatrocientos por ciento. Pero espera, ¿Qué sucede si la película resulta un fiasco? Una mala cinta hace daño. Así, el arranque de ira y decepción puede provocarte salir de la sala a mitad de la función y buscar tu espada de luz láser tipo Star Wars hasta los límites del planetoide Tatooine, con un costo de 425 pesos y otros 15 pesos del estacionamiento al regreso, para saltar al espacio frente al proyector que sigue nuestro cuerpo y cortar el cuadro último sobre la pantalla con una diestra equis.
Si antes de despedazar la pantalla de proyección tu deuda era de 2,215 pesos, es nada comparado con lo que aplica la reparación del daño, aproximadamente unos 18,000 dólares, que al tipo de cambio asciende a los 225,000 pesos, sin olvidarnos que eres responsable civil por la devolución de los boletos del público afectado, digamos, un 60% de asistencia en el patio de butacas, dentro de un fin de semana normal, lo que implica 9,180 pesos de reembolsos, más 810 pesos por derechos de estacionamiento, lo que arroja un total por 243,360 pesos, sin contar las costas de los abogados de la parte afectada y los terceros, donde aplica el 20% de la suerte principal más gastos acumulables. Finalmente, casi un cuarto de millón de pesos por disentir con el vasto grupo que da tropezones en la libreta de los autógrafos y miró una película diferente a la que viste tú.
-Parece que fue ayer cuando el boleto de cine costaba cuatro pesos
-Señor, ahora lo va a encontrar más divertido, las películas son sonoras.
-¿Qué se cree, que estoy olvidando el chiste de la moviola? ¿Ha oído hablar del actor que fue estrella del cine porno y que al retirarse se puso a aprender la guitarra?
-No lo creo
-Pues luego, luego formó un trío.
-A propósito, ¿Ha oído hablar de la actriz que fue estrella del cine porno y que al retirarse quedó propensa a algo largo y doloroso por parte de su marido?
-Lo sé, el apellido de casada
-Actores. ¿Qué se puede esperar de esa gente que anda más maquillada que las cuentas de un contador?
-Parece que fue ayer cuando el boleto de cine costaba cuatro pesos.
Recostado, sí, Armando Mejía sube los pies en la primera fila y no puede ver nada, pero elucubra que será hallado culpable por sentencia firme. Hay que aclarar que, antes de que se pase el dorso de la mano por la frente y agradezca al cielo que la legislación mexicana prohíbe la pena capital, mejor debe pensarlo dos veces, porque sucede que los complejos IMAX, al igual que las embajadas, se configuran con una superficie que se rige por las leyes de su país representado. Por lo tanto, los dueños no tendrán recato en pedir la silla eléctrica para ti, alguna con portavasos en los brazos laterales y asiento tapizado, en aras de la justicia cinematográfica. Considérate un hombre muerto con ganas de haber muerto antes de ver “Around the World in 80 days” y “Les Quatre Cents Coups”. Cualquiera supone que uno puede tragarse diez rollos Kodak y cagar una mejor película.
No obstante, Armando Mejía es atormentado por los demonios de un golf en miniatura para toda la eternidad, otros pagaran por su pecado. Un vivo filmará un documental sobre el moderno Prometeo y tres tipos de cinéfilos pagarán 294,247 pesos por verla. La película será más famosa que “Bellas de Noche”. Pero, no, en el cine todo es bonito, que siempre persiste la tontería empalagosa de un final feliz.

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